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EL GATO BLANCO

Los gatos blancos ...el verdadero misterio está en su color blanco, en opinion de todos los genetistas del mundo, ya que en sí mismo el blanco no es un verdadero color , pues podría decirse que un gen dominante, llamado W, enmascara el color real del gato y su repartición en el cuerpo.

Este gen del blanco, denominado W, debe diferenciarse del gen S que produce las manchas blancas, el cual produce gatos con mucho blanco, pero no enteramente blancos, sólo producidos por el gen W. Para que un cachorro nazca enteramente blanco, es necesario que uno de sus dos padres, sea también enteramente blanco. El gen W, es lo que se ha denominado “epistático”, es decir que enmascara cualquier color susceptible de aparecer en función del patrimonio genético. Algunos cachorros blancos, pueden presentar al nacer, una mancha de color sobre su cabeza, de color rojiza, negra o azul, que indica el color real del gato; dicha mancha, va desapareciendo cuando crecen.

El color blanco, además posee una característica: es el único que permite la gama completa de colores en los ojos de los gatos: azules, amarillos, verdes, toda la gama, hasta impares.

gato blanco

El color blanco, tiene otra característica muy importante, y es que en la mayoría de los casos, viene acompañado de la sordera del gato. Se suele decir, que son los de ojos azules los que acompañan la soedera, pero esto no es así, ya que existen gatos blancos de ojos azules no sordos y también gatos blancos con ojos impares o color oro y bicolores, sordos. El origen de esta anomalía, que va unida al color blanco, no se conoce bien, pero parece ser que hay un vínculo entre la formación de las estructuras nerviosas de la uadición y la de la pigmentación del pelo.

Es evidente que no es lo mismo plantearse la convivencia con un gato cuya sordera es de nacimiento, que con un felino cuya limitación ha sobrevenido en algún momento de su vida.

En el caso de las sorderas genéticas, los animales no “añoran” su sentido perdido; el gato no oye desde que nace y todo su organismo, el resto de sentidos, se desarrollan más para suplir la deficiencia.

Pensemos que estos animales no oyen, pero que su sentido de la audición se ve sustituido por una mayor sensibilidad táctil, con un mayor desarrollo de la capacidad visual y con un olfato muy agudo.

Un gato joven o un gato adulto de menos de siete años de edad con una pérdida total de la capacidad auditiva, puede llegar a presentar problemas de comportamiento como estrés, miedo, fobias, etc. Es lógico que el animal, en un cambio radical de capacidades, no se enfrente igual a las situaciones habituales. Por ejemplo, si no escucha la llegada del dueño, cuando éste le toca, se puede asustar y huir despavorido.

Con estos animales debemos tener muchísima paciencia, debemos ser conscientes continuamente de su limitación para evitarles sobresaltos innecesarios. Con un poco de interés, paciencia y cariño, el animal llegará a acostumbrarse a la nueva situación y a potenciar el resto de sentidos para cubrir el problema.

En el caso de los gatos mayores, de los gatos senior, la sordera suele llegar de forma progresiva, lo que permite una adaptación gradual del animal al problema. Incluso a veces ni el propietario es consciente de la deficiencia por el alto grado de adaptación que consiguen: son capaces de apreciar su llegada por las vibraciones de los pasos en el suelo, “saben” que se está llenando su comedero gracias a su desarrollado olfato, etc. En estos casos, el gato no suele desarrollar alteraciones en su comportamiento, y si aparecen, suelen formar parte del conjunto de problemas debidos a la edad.

Independientemente de la causa de la sordera, si convivimos con un gato con esta deficiencia debemos tener en cuenta su limitación y aplicar ciertas medidas, entre las que podemos mencionar la más “lógica”: evitar que el animal salga al exterior, ya que no puede percibir determinados sonidos que le estarían avisando de algún peligro (coches, perros, etc.)

Además, debemos evitarle sobresaltos, acercándonos a ellos siempre de frente (si nos acercamos por detrás y les tocamos, podríamos provocarles un susto lógico), debemos enseñarles a comprender algunos signos sencillos con las manos (fácilmente aprenden lo que significa “ven” o “fuera” o “sube” si siempre se lo indicamos de la misma manera) y debemos entender algunas torpezas que su limitación puede traer consigo.

En compensación, con esos gatos podemos tener algunos “privilegios” que no tenemos con los gatos normales: no les asustan los ruidos, por lo que no les molestarán los petardos en fiestas o la música estridente del vecino.

Las personas que conviven con gatos sordos no manifiestan el más mínimo problema de convivencia, ya que llegan a superar la limitación con un poco de sentido común y con una pequeña dosis de cariño y paciencia.


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